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- Reina Valera New Testament of the Bible 1858 - 4/128 -


la tierra.

11 Dános hoy nuestro pan cotidiano.

12 Y suéltanos nuestras deudas, como tambien nosotros soltamos á nuestros deudores.

13 Y no nos metas en tentacion: mas líbranos de mal: porque tuyo es el reino, y la potencia, y la gloria, por [todos] los siglos. Amen.

14 Porque si soltáreis á los hombres sus ofensas, os soltará tambien á vosotros vuestro Padre celestial.

15 Mas si no soltáreis á los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os soltará vuestras ofensas.

16 Y cuando ayunais, no seais como los hipócritas, austeros: que demudan sus rostros para parecer á los hombres que ayunan. De cierto os digo, [que ya] tienen su salario.

17 Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza, y lava tu rostro,

18 para no parecer á los hombres que ayunas, sino á tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te pagará en público.

19 No hagais tesoros en la tierra, donde la polilla y el orin corrompe, y donde ladrones minan, y hurtan:

20 mas hacéos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orin corrompe, y donde ladrones no minan, ni hurtan.

21 Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazon.

22 El candil del cuerpo es el ojo: así que si tu ojo fuere sincero, todo tu cuerpo será luminoso.

23 Mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo será tenebroso. Así que si la lumbre que en tí hay, son tinieblas, ¿cuántas [serán] las mismas tinieblas?

24 Ninguno puede servir á dos señores: porque ó aborrecerá al uno, y amará al otro; ó se llegará al uno, y menospreciará al otro. No podeis servir á Dios y á Mammon.

25 Por tanto os digo: No os congojeis por vuestra vida, que habeis de comer, ó que habeis de beber; ni por vuestro cuerpo, que habeis de vestir. ¿La vida no es mas que el alimento, y el cuerpo que el vestido?

26 Mirad á las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni allegan en alfolíes; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros mucho mejores que ellas?

27 ¿Mas quién de vosotros podrá congojándose añadir á su estatura un codo?

28 Y por el vestido, ¿por qué os congojais? Aprended [de] los lirios del campo, como crecen: no trabajan, ni hilan:

29 mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria fué vestido así como uno de ellos.

30 Y si la yerba del campo, que hoy es, y mañana es echada en el horno, Dios [la] vista así, ¿no [hará] mucho mas á vosotros, [hombres] de poca fé?

31 No os congojeis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, O qué beberemos, ó con qué nos cubriremos?

32 Porque los Gentiles buscan todas estas cosas: porque vuestro Padre celestial sabe que de todas estas cosas teneis necesidad.

33 Mas buscad primeramente el reino de Dios, y su justicia; y todas estas cosas os serán añadidas.

34 Así que, no os congojeis por lo de mañana; que la mañana traerá su congoja: baste al dia su afliccion.

CAPITULO 7

1 No juzgueis, porque tambien no seais juzgados.

2 Porque con el juicio con que juzgais, sereis juzgados; y con la medida que medis, [con ella] os volverán á medir.

3 Y ¿por qué mires la arista que [está] en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu ojo?

4 O ¿cómo dirás á tu hermano: Espera, echaré de tu ojo la arista; y, hé aquí, [una] viga en tu ojo?

5 ¡Hipócrita! echa primero la viga de tu ojo; y entonces mirarás en echar la arista del ojo de tu hermano.

6 No deis lo santo á los perros; ni echeis vuestras perlas delante de los puercos: porque no las rehuellen con sus piés, y vuelvan, y os despedacen.

7 Pedid, y se os dará: buscad, y hallareis: tocad, y se os abrirá.

8 Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que toca, se abre.

9 ¿Qué hombre hay de vosotros, á quien si su hijo pidiere pan, le dará una piedra?

10 ¿Y, si [le] pidiere pescado, le dará serpiente?

11 Pues, si vosotros, siendo malos, sabeis dar buenas dádivas á vuestros hijos, vuestro Padre que está en los cielos, ¿cuánto mas dará buenas cosas a los que piden de él?

12 Así que, todas las cosas que querriais que los hombres hiciesen con vosotros, así tambien haced vosotros con ellos: porque esta es la ley, y los profetas.

13 Entrad por la puerta estrecha: porque el camino, que lleva á perdicion, es ancho y espacioso; y los que van por él, [son] muchos.

14 Porque la puerta es estrecha, y angosto el camino que lleva á la vida; y pocos son los que lo hallan.

15 Tambien, guardáos de los falsos profetas, que vienen á vosotros con vestidos de ovejas: mas de dentro son lobos robadores.

16 Por sus frutos los conocereis. Cógense uvas de los espinos, ó higos de los cambrones?

17 De esta manera, todo buen árbol lleva buenos frutos: mas el árbol podrido lleva malos frutos.

18 No puede el buen árbol llevar malos frutos; ni el árbol podrido llevar buenos frutos.

19 Todo árbol que no lleva buen fruto, córtase, y échase en el fuego.

20 Así que por sus frutos los conocereis.

21 No cualquiera que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

22 Muchos me dirán en aquel dia Señor, Señor, ¿no profetizamos [en] tu nombre, y [en] tu nombre sacamos demonios, y [en] tu nombre hicimos muchas grandezas?

23 Y entonces les confesaré: Nunca os conocí: apartáos de mí, obradores de maldad.

24 Pues, cualquiera que me oye estas palabras, y las hace, le compararé al varon prudente, que edificó su casa sobre peña:

25 y descendió lluvia, y vinieron rios, y soplaron vientos, y combatieron aquella casa; y no cayó: porque estaba fundada sobre peña.

26 Y cualquiera que me oye estas palabras, y no las hace, le compararé al varon loco, que edificó su casa sobre arena:

27 que descendió lluvia, y vinieron rios, y soplaron vientos, e hicieron ímpetu en aquella casa; y cayó; y fué su ruina grande.

28 Y FUÉ [que] como Jesus acabó estas palabras, las compañías se espantaban de su doctrina:

29 porque los enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

CAPITULO 8

1 Y COMO descendió del monte, le seguian muchas compañías.

2 Y, hé aquí, un leproso vino, y le adoró, diciendo: Señor, si quisieres, puedes limpiarme.

3 Y extendiendo Jesus su mano, le tocó, diciendo: Quiero: sé limpio. Y luego su lepra fué limpiada.

4 Entonces Jesus le dijo: Mira, no [lo] digas á nadie: mas vé, muéstrate al sacerdote, y ofrece el presente que mandó Moisés, para que les conste.

5 Y entrando Jesus en Capharnaum, vino á él el centurion, rogándole,

6 y diciendo: Señor, mi mozo está echado en casa paralítico, gravemente atormentado.

7 Y Jesus le dijo: Yo vendré, y le sanaré.

8 Y respondió el centurion, y dijo: Señor, no soy digno que entres debajo de mi techumbre: mas solamente dí con la palabra, y mi mozo sanará:

9 porque tambien yo soy hombre debajo de potestad; y tango debajo de mi [potestad] soldados; y digo á este: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y á mi siervo: Haz esto, y [lo] hace.

10 Y oyéndo[lo] Jesus, se maravilló, y dijo á los que [le] seguian: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fé.

11 Mas [yo] os digo, que vendrán muchos del oriente, y del occidente, y se asentarán con Abraham, é Isaac, y Jacob, en el reino de los cielos.

12 Y los hijos del reino serán echados á las tinieblas de fuera: allí será el lloro, y el crujir de dientes.


Reina Valera New Testament of the Bible 1858 - 4/128

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